Campo sustentable

Agua y crisis agrícola en México

crisis agrícola

Date posted: March 26, 2013

La problemática del sector agrícola en el país se ha ido complejizando. En el contexto de una reorganización mundial del patrón de acumulación, en México, la crisis de la deuda de 1982 fue seguida por una ola de desregulación y de privatización, medidas que fueron justificadas en aras de la modernización del sector agropecuario, y en donde la apertura de mercados se planteaba como fundamental.

Asimismo, la crisis ambiental, identificada en sí misma como restricción o límite al crecimiento, se hacía cada vez más visible. De tal suerte, la apertura comercial indiscriminada, acompañada de una considerable reducción de los apoyos gubernamentales, le han restado capacidad a la agricultura mexicana para alimentar y dar empleo a su población, lo que ha tenido su correlato en procesos crecientes de dependencia alimentaria y migración; además, el problema de la escasez creciente de agua, el empobrecimiento de los suelos y la incertidumbre asociada al reto del siglo XXI que es el cambio climático, son resultado de las actividades agrícolas, pero a su vez, condicionan de manera definitiva la viabilidad de las mismas. Se considera pues que el sector agrícola está en crisis, en emergencia, y las cuestiones vinculadas al uso del agua y la energía ejemplifican esto.

Particularmente respecto al agua, son estimaciones conocidas que el sector agrícola consume el 77% del agua disponible, con variaciones regionales importantes, dada la distribución temporal y espacial diferenciada de las precipitaciones y las dinámicas socioeconómicas; así, en el norte, noreste y centro del país se cuenta con solo el 31% de la disponibilidad de agua, pero se ubica el 77% de la población y se genera 87% del PIB. El agua para uso agrícola se destina para irrigar 7.5 millones de hectáreas -36% de la superficie agrícola total-, de las cuales, 3.5 millones pertenecen a Distritos de Riego y 3 millones corresponden a Unidades de Riego, una tercera parte de la superficie bajo riego se concentra en dos estados del noreste: Sinaloa con 21% y Sonora con 14% (Taylor, et. al., 2007). La eficiencia en el uso del agua es muy baja, tanto en los Distritos que apenas llega a 37%, como en las Unidades que alcanza un 57% (Arreguín, et. al., 2010: 54-60).

Con relación al agua subterránea, el 60% de la misma se destina al uso agrícola y sostiene el riego de 2 millones de hectáreas, casi un tercio de la superficie total de riego; además, el consumo total de agua subterránea es creciente, pues actualmente se consume 20% más que 1994. Chihuahua, Sonora y Guanajuato extraen 30% del total del agua subterránea, en tanto que Jalisco, Baja California, Michoacán, Zacatecas y Durango extraen 25%; en esos ocho estados, el consumo agrícola representa el 80% del consumo total de agua subterránea (Moreno, et. al., 2010: 86-88).

Ante la compleja situación del campo mexicano, los objetivos y las políticas se siguen contraponiendo, por lo que es indispensable trabajar en esta materia, para, por un lado, promover el diseño y ejecución de políticas públicas que ayuden a resolver los problemas de los agricultores de riego en el mediano y largo plazo; y por otro, reforzar entre los productores la necesidad de modificar sus percepciones y prácticas, frente a un escenario de sobreexplotación de los acuíferos, de costos crecientes y de baja productividad, que condicionan su existencia misma.

El problema del agua es muy complejo y no se resolverá si no existe voluntad política y honestidad por parte de todos los sectores; las soluciones tecnológicas, que hasta el momento han sido privilegio básicamente de los grandes productores, no ayudarán a contrarrestar los problemas de explotación de los acuíferos y tampoco a mitigar el cambio climático si no se logran acuerdos que garanticen que esos ahorros teóricos van a ser efectivos, y se extiendan a todos los segmentos de productores.

Dania LópezDania

Es economista y Maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Asimismo, cuenta la Especialización en Economía Ambiental y Ecológica, y cuenta con diversas publicaciones sobre la gestión del agua, economía solidaria y prácticas populares basadas en la reciprocidad.

 

Imagen: Nguyen Thi Hoang Yen / Oxfam GB