La semana pasada, las redes sociales estallaron en controversia una vez más con el anuncio del lanzamiento de la nueva colección de la casa de modas Carolina Herrera, cuya dirección creativa está a cargo de Wes Gordon.
De forma muy clara puede verse la influencia de México en los diseños: un vestido blanco, largo, adornado con los coloridos bordados de Tenango de Doria; una falda negra con las tradicionales flores de los vestidos del Istmo de Tehuantepec; otro vestido cuya tela inmediatamente hace pensar en el sarape de Saltillo. Las críticas no se hicieron esperar, por una parte, la Secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, publicó una carta en la que cuestionaba a Carolina Herrera el uso de los elementos culturales mexicanos. Por otra, muchas personas argumentaban que el uso de estos bordados debería ser motivo de orgullo para las personas mexicanas.
Así que aquí estamos, de nueva cuenta en el debate entre apropiación cultural, apreciación e inspiración. Pero ¿cuál fue el verdadero problema de esta colección?, ¿hay alguna salida para este debate?
De acuerdo con la ONG Impacto, el equipo de Carolina Herrera no contactó en ningún momento a las comunidades indígenas de Tenango de Doria o del Istmo de Tehuantepec. Se hicieron adaptaciones de sus bordados sin que las comunidades fueran consultadas sobre los significados y la relación de los bordados con la cosmovisión de los pueblos. Aún más grave, no hubo un reconocimiento directo a las comunidades, sino que todo el concepto de la colección se incluyó bajo el slogan “Vacaciones latinas”, como si no hubiera diferencia entre Hidalgo, Oaxaca, Lima y Buenos Aires.
Como bien lo mencionan las compañeras de Impacto, la apropiación cultural y el despojo a las comunidades sucede cuando este tipo de bordados son más reconocidos por la marca Carolina Herrera, que por las comunidades a las que pertenecen. Como lo mencionan en uno de sus blogs más recientes:
“El pueblo de Tenango se habrá visto finalmente despojado por completo de su expresión artística cultural única, aquella que engloba su cosmovisión, mitos fundacionales, vida comunitaria y familiar. Se habrán visto despojados de su identidad cultural que pertenecerá ahora en el imaginario colectivo a la casa Carolina Herrera.”
¿Qué prácticas conducen al respeto de las comunidades, al mismo tiempo que se realza su trabajo y se mejoran sus medios de vida, sin caer en la apropiación cultural? En primer lugar, las comunidades mismas deben estar en el centro de estos esfuerzos. El resto de los actores, ya sean organizaciones de la sociedad civil, diseñadores, diseñadoras o empresas, debemos escuchar y aprender de las comunidades el valor de sus bordados, la relación que tiene con su cosmovisión y qué tipo de uso le quieren dar. Al contrario de lo que hizo Carolina Herrera, en donde el uso de los bordados fue solo para beneficio de la marca, las relaciones con las comunidades y grupos de mujeres deben anteponer los beneficios para ellas mismas.
Hay muchos ejemplos de estos esfuerzos. Organizaciones como Aid to Artisans, con quienes hemos colaborado exitosamente desde Oxfam México, trabajan con artesanas para fortalecer sus oportunidades económicas e innovar sus productos, al mismo tiempo que se respetan sus técnicas tradicionales y cosmovisión. Otras marcas mexicanas, como Carla Fernández o Someone Somewhere, entre otras, trabajan directamente con grupos de mujeres de comunidades indígenas para incorporar sus bordados a productos, como bolsas, vestidos o playeras, que posteriormente son vendidos en mercados a los cuales las comunidades no tendrían acceso por sí mismas. También existen grupos de organizaciones, empresas, profesionales del diseño y otros actores, que se han dado a la tarea de cambiar algunas prácticas nocivas de la industria de la moda, desde establecer un precio justo para pagar los insumos de las comunidades, hasta implementar formas de trabajo más horizontales y participativas, creando así mercados más justos y equitativos.
Finalmente, las y los consumidores también tenemos un papel importante. Mientras más información tengamos sobre los productos que consumimos y las condiciones laborales de las personas que los producen, mejores decisiones podremos tomar.
Con nuestro proyecto Economías inclusivas Puebla, trabajaremos con grupos de mujeres de comunidades indígenas para impulsar sus propuestas y contribuir a una economía más justa. Queremos aportar a este debate desde una visión constructiva. Sabemos que sumando esfuerzos podremos transitar de las prácticas de despojo y apropiación, hacia la celebración, la inspiración y el respeto al trabajo de las comunidades indígenas.
Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor o autora y no necesariamente reflejan la postura oficial de Oxfam México.
Crédito de la imagen: http://ntrzacatecas.com/2016/07/10/tenangos-de-hidalgo-la-magia-de-los-h…